Capítulo 1. El "síndrome de la bióloga molecular", o cómo perder (o no) tus 12 segundos de gloria

Publicado el 26 de febrero de 2026, 12:36

Trabajaba yo en aquel entonces para el principal informativo de una cadena de televisión. Aquel día, en EE.UU., un reconocido equipo de investigadores había dado con una fórmula para frenar la expansión de un tipo concreto de cáncer, uno de los más dañinos y con peor pronóstico. Sería incapaz de reproducir literalmente el hallazgo, pero basta con saber que se trataba de fármaco diana que alteraba una proteína encargada de las relaciones moleculares entre las células afectadas.

Mi misión aquel día era tratar de poner imágenes a ese hito investigador y encontrar a una persona experta que tradujera a lenguaje de calle el funcionamiento de ese nuevo fármaco. Encontré varios nombres posibles que respondieran a las búsquedas: “medicina molecular”, “biología molecular”, “investigación molecular cáncer” y otras semejantes.

Te reproduzco literalmente la conversación que mantuve con dos posibles portavoces para la noticia (huelga decir que a la primera de ellas la tuve que rebuscar en internet, porque se ve que las mujeres no afloran tanto cuando una echa la red de pesca virtual):

 

 (Candidata 1)

-Buenos días, pregunto por…

-Sí, soy yo, ¿quién llama?

- Mi nombre es Jara Abella, soy periodista, trabajo para el informativo (…) le llamo en relación con una investigación (….) necesito que, como experta, nos explique la relación que mantienen las células y cómo un fármaco así, que modifica la proteína, podría alterar y llegar a frenar la expansión de este tipo de cáncer.

- ¿Pero, y quién les ha dado mi nombre?

- No, nadie, buscaba una experta que explicara….

- (me interrumpe) Yo no soy experta en cáncer.

- Lo sé, Candidata 1, pero es usted bióloga, conoce el lenguaje de las células, sólo trato de que los espectadores entiendan cómo funciona este complejo sistema y cómo se puede “engañar” a las células para que dejen de transmitir información dañina.

- ¿Y dónde dice que sale esto?

- En televisión, en la cadena (…)

-Pero, entonces… ¿tendría que salir yo en la cámara?

-Sí, pero no se preocupe, es una entrevista grabada, podemos repetir si no ha quedado convencida con alguna respuesta…

-Uf, es que yo no he hecho esto antes, yo no estoy segura de que…es que no sé por qué me llaman a mi… Bueno, déjemelo pensar, ¿le puedo llamar el lunes?

- Es que la noticia es para el informativo de hoy y…

- ¿¡Hoy!? Ah, no, no, yo esto me lo tengo que pensar, prepararlo bien, no estoy muy segura (…) oiga, mire, yo creo que debería buscar a otra persona, no es exactamente mi campo, entienda que no puedo decir nada que no sea preciso y bueno, que no, que es que me pone en un compromiso, lo siento, seguro que encuentra alguien más experto en la materia, gracias.

 

(Candidato 2)

-Hola, ¿…?

- Si, soy yo

- Verá, ni nombre es (…) y necesitaría un experto que me ayude a explicar a los espectadores cómo este fármaco podría ayudar a frenar la expansión de este tipo de cáncer, tendría que contarnos cómo las células…

- (me interrumpe) Sin problema, ¿esto para qué programa es?

- Para el informativo (…)

- Perfecto, ¿cuándo vendrían a grabar?

 

Nunca llegué a averiguar cuál era exactamente su especialidad dentro de la biología molecular, si sus trabajos estaban relacionados o no con el cáncer; Candidata 1, sin embargo, me dio todo lujo de explicaciones sobre sus estudios, sus investigaciones… en definitiva, sobre las razones por las que se auto descartaba como experta para esta noticia. Te confieso una cosa: me quedé con la sensación de que, aunque lo que yo buscaba entrara dentro de la subespecialidad de la subespecialidad de la investigación del campo del que ella era especialista, igualmente se habría descartado.

Este caso, o muy parecidos, se producen a diario en las redacciones de los medios de comunicación. El síndrome de la bióloga molecular está más extendido entre las mujeres de lo que cabría pensar; he tenido ocasión de hablarlo con los directores y directoras de periódicos, radios, televisiones y medios digitales españoles. Preocupa que no exista una diversidad de voces en las noticias, una equidad de opiniones y puntos desde vista también desde la perspectiva de género. En la mayoría de los grandes medios hoy existen figuras que se denominan “editoras de igualdad”, o “redactoras de igualdad” que se encargan de buscar este equilibrio y obligan, de una manera sana, a los profesionales del periodismo a revisar y ampliar por el lado femenino sus agendas, antes llenas de nombres masculinos.

Esta inquietud de los medios es bastante reciente, eso también es cierto: hasta hace diez o doce años, quizá alguno más (pero no muchos) la información experta, la opinión, la tribuna … eran abrumadoramente protagonizados por hombres. No se puede buscar la explicación en la mayor formación y especialización masculina, porque hace ya décadas que las mujeres están tan preparadas como sus compañeros masculinos. En mi opinión tiene más que ver con el miedo a no dominar el 100% de los elementos de juego y con la actitud de las mujeres frente al trabajo, que está más ligada al esfuerzo constante y poco autopromocionado.

Los síntomas de este síndrome de la bióloga molecular son palpables más allá del espacio de los medios de comunicación; te pondré otro ejemplo, a modo de muestra, del ámbito de la promoción laboral: a la asociación de mujeres con la que colaboro, hoy como Directora de Proyección y Marca Personal, que se llama AMMDE (Asociación Multisectorial de Mujeres Directivas y Empresarias) acudió la empresa HJL (nombre ficticio) porque buscaba, porque así lo tenían recogido en su plan de desarrollo a 5 años, una mayor presencia de mujeres en puestos de alta dirección. El comité de dirección le dio muchas vueltas a la manera de realizar este proceso, porque temían que una convocatoria cerrada a mujeres provocara un efecto pernicioso dentro de la compañía, de desapego y malestar entre sus compañeros varones. Lo que decidieron finalmente fue realizar una convocatoria abierta y privilegiar, entre personas con los mismos méritos y capacidad, a la que fuera mujer; de esta manera, publicaron internamente los puestos, describiendo objetivos, condiciones y criterios de selección. Su sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que sólo el 15% de las candidaturas eran de mujeres. El CEO de la compañía sugirió a la directora de RRHH que averiguara qué había podido suceder. Ella indagó entre las mujeres que, según su criterio, estaban sobradamente preparadas para alguno de esos puestos y la respuesta sorprende aún más. La conversación de vuelta con el CEO de la empresa fue más o menos así:

            -CEO, la cuestión, resumiendo, es que hemos publicado una lista con 10 criterios; las mujeres que no cumplían al menos 8 o 9 de ellos directamente no se han presentado, porque lo consideraban ridículo o un intento de engaño a la compañía. Los hombres, sin embargo, con 6 (o menos) han tirado para adelante (“total, ¿qué tengo que perder?”).

¿Te das cuenta de cómo somos las mujeres?

He trabajado con muchísimas, excelentes en sus campos, que padecen este dichoso síndrome. Y ha tenido que pasar tiempo y confianza hasta que he logrado ver cuán brillantes son su labor, ingenio y aportación; quiero decir que son poco conocidas y reconocidas, y en general esto les da bastante igual: la satisfacción les viene por otro lado. Pero yo trato de hacerles ver que si el mundo necesita más referentes femeninas ellas tienen la responsabilidad de ser más visibles.

Creo que aquí está la clave para romper el hechizo adormilante de este síndrome. He intentado todos los argumentos: “no eres una impostora”, “estás de sobra preparada”, “piensa en el sacrificio y la inversión que has hecho para formarte”, “piensa que el espacio que no ocupes tú lo ocuparán otros”… Pero nada es tan efectivo como darles el testigo de la responsabilidad histórica; les pido que piensen en las próximas generaciones de mujeres: ¿no les gustaría verlas en foros expertos, en paneles de debate, en la televisión? ¿No les gustaría ver a mujeres dirigiendo compañías de robótica, inteligencia artificial o laboratorios? Pues todo empieza aquí y ahora, en decir sí a la próxima entrevista en una radio, en ceder 12 segundos (no te van a emitir más) de tu excelencia al mundo en un informativo de televisión. No te preocupes si no tienes experiencia con los medios de comunicación, unos capítulo más adelante, en este blog, te contaré cosas básicas que tienes que conocer para enfrentarte con soltura a ellos.

 

 

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